La presencia de un familiar anciano en el hogar

Uno de los dones más grandes que el Señor nos ha concedido es el de la familia. En el núcleo familiar nos sentimos arropados y acobijados. Por el amor incondicional que nos tienen podemos ser nosotros mismos. Con ellos no tenemos que pretender nada. Somos amados así como somos. Esto nos permite caminar con solidez sostenidos por el amor familiar.

Uno de los momentos más difíciles en la vida es la ancianidad. Es una etapa en la que nuestras fuerzas físicas se ven disminuidas, nuestras inseguridades y temores se hacen más grandes y por lo tanto es cuando más necesitamos a la familia. Tener un familiar anciano en casa es una oportunidad única para vivir ese amor incondicional que tanto necesita cada persona.

A veces es difícil lidiar con una persona mayor y más si esta está enferma. Pero hay que aprender a comprenderla y a saber que ellos tienen un rol importante en la dinámica familiar que aporta a todos y que hace crecer a todos. ¿Cómo vivir estos momentos de la manos de Dios? ¿Cómo aprender de Él a acompañar a una persona en sus últimos años de vida?

COMPRENSIÓN

Cuando una persona de la tercera edad vive en casa es bueno aprender a comprender. Es importante que seamos conscientes de que esta persona vive sus últimos años de su vida. Ha dedicado su tiempo a trabajar, a servir, a amar y ahora le toca recibir de los demás. De hecho su condición física y psicológica lo requieren. Es una etapa de la vida en la que se pierde progresivamente la salud ya ser por una enfermedad o simplemente por no tener fuerzas. Y también es un momento en el que la psicología se vuelve más débil. Los ánimos faltan, la impaciencia es más frecuente, la necedad y la terquedad también.

¿Cómo comprender, desde la perspectiva de Dios, esta etapa? ¿Por qué la permitirá Dios? Es una etapa de la vida en la que nos volvemos totalmente dependientes en todos los niveles. Físicamente necesitamos que hagan todo por nosotros y psicológicamente también dependemos de los demás. Se puede decir que es una etapa en la que se vuelve a ser niños, hijos, necesitados. Esta es la preparación para el cielo. El cielo será el espacio en el que nos reconoceremos totalmente dependientes y necesitados del Padre y Él colmará todos nuestros deseos y nuestros anhelos.

Esta preparación es muy dura. Nos cuesta aceptar la ayuda de los demás pero a la vez la necesitamos. Es un paso importante en la vida del ser humano y por eso es bueno ser acompañados y sostenidos por los que más queremos. Comprender la ancianidad de este modo nos ayuda a ser con nuestros familiares de la tercera edad más cariñosos, pacientes y misericordiosos. Entendemos que es un periodo difícil para ellos y que necesitan de todo nuestro cariño.

AGRADECIMIENTO

A demás de la comprensión hay otro elemento que nos puede ayudar para vivir con paz el envejecimiento de nuestros seres queridos: el agradecimiento. Si las personas de la tercera edad que viven en nuestra casa son nuestros padres de familia con más razón. Ellos han hecho todo por nosotros. Dedicaron su tiempo, sus desvelos, su dinero, su preocupación, sus esfuerzos, etc… por nosotros. Es nuestro momento de ser agradecidos con ellos. Es la oportunidad de devolver todo el bien que recibimos de ellos.

Pensar así nos permite sacar, de lo profundo del corazón, las fuerzas para ayudarlos, acompañarlos, escucharlos y aceptarlos. Es comprensible el cansancio que se puede experimentar en ciertos momentos. Sobre todo un cansancio psicológico por ver a los que más queremos cada vez más mayores y sin fuerzas. Pero hay que suplicar al Señor la capacidad de concederles los mejores últimos años de su vida.

SABIDURÍA

Al comprender a nuestros seres queridos mayores y al amarlos por el agradecimiento que tenemos hacia ellos nos damos cuenta que ellos también tiene algo que aportar en casa. Lo que más podemos aprender de ellos es su sabiduría. La vida los ha llevado a experimentar, vivir, caer, luchar, levantarse… Ese bagaje es para nosotros sabiduría de vida. No por nada en las grandes culturas de la antigüedad se valoraba enormemente a los ancianos. Nuestra cultura debe recuperar eso.

¿Cuál es la sabiduría que más nos enseñan? Sobre todo nos hacen ver qué es lo esencial en la vida. Nos permiten descubrir cuáles son los valores que realmente importan. Nosotros que estamos más jóvenes a veces le damos importancia a cosas que no la tienen. Esos valores van perdiendo peso con el pasar de los años y en la vida queda lo que realmente es esencial. Eso es lo que nos enseñan los mayores con su testimonio. El valor de la familia, de una buena conversación, de la compañía incluso en el silencio, de la paz, del perdón… Y sobre todo los mayores son los que más nos enseñan la importancia de la piedad. Ellos saben que está cerca su último día y por eso son mas conscientes de la necesidad de regresar a Dios.

MÁS AMOR

Por último, tener a un familiar anciano en casa nos permite amar más. La familia entera se vuelca en esa persona necesitada. Hace que todos sean generosos con su tiempo y dediquen minutos a convivir con él, a ayudarle con sus medicinas, a escucharle. Esto provoca en la dinámica familiar un ambiente de caridad, de amor, de acogida y de generosidad. Es precioso ver a una familia que se coloca en torno a sus ancianos y sabe aprender de ellos y con ellos.

El Señor nos quiere asistir para cuidar a nuestros ancianos con el más grande amor. Pidamos este don con una oración:

Señor Jesús, danos tu corazón. Tenemos entre nosotros la alegría y el gozo de vivir con nuestros familiares ancianos. Te pedimos que los cuides y los guardes. Prepáralos con serenidad y paz para el encuentro definitivo contigo. Engrandece el corazón de cada uno de nosotros para que por la comprensión y el agradecimiento sepamos amarlos y cuidarlos con todo el afecto y cariño. Haznos aprender de su sabiduría de vida y permítenos aprovechar cada minuto de su presencia. Amén.

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