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Dios habita en medio del hogar

La lectio divina es una manera de acercarse a la Palabra de Dios para que el Señor ilumine nuestra inteligencia, nos haga descubrir su mensaje en su Palabra, convierta nuestros corazones y nos permita dirigirnos a Él formulando una oración. Para ello se siguen cuatro sencillos pasos: leer, meditar, contemplar y orar. Esta lectio divina pretende ser para ustedes lectores una ayuda para orar en familia. Hacerla juntos puede lograr que su hogar se convierta en escuela de escucha de la Palabra y morada de la misma.

Lectura:

Es importante leer juntos y de manera pausada la Palabra de Dios que se ha elegido para realizar la lectio divina. Un miembro de la familia puede leer en voz alta todo el texto Ex 25, 1-9. Aquí se presenta el versículo más significativo:

«Hazme un santuario y moraré en medio de ellos» Ex 25, 8

Meditación:

Después de haber leído el pasaje de la escritura es bueno reflexionar en lo que dice el texto en sí mismo y lo que nos puede decir a cada uno de nosotros. Se pueden servir de estas breves reflexiones y preguntarse: ¿a mí que me dice el texto?

El contexto en el que se encuentra este versículo es el paso del pueblo de Israel por el desierto. Dios había liberado al pueblo de la esclavitud en Egipto y ahora era un pueblo libre. Pero ¿qué significado tenía esta libertad? Esta libertad no era un libertinaje para hacer lo que cada uno tenía ganas de hacer. Más bien el pueblo pasaba, de ser esclavo del faraón, a ser siervo de Dios. Ya no tenían como dueño al faraón sino a Dios que los libera. Esa es la primera reflexión que nos podemos hacer. Dios nos ha liberado y nos sigue liberando progresivamente de ataduras, debilidades, flaquezas y pecados. Pero ¿cuál es el objetivo de esta liberación? Hemos sido liberados para vivir para Dios, para ser siervos de Dios. Él es el único dueño que libera.

Ya libres, en el desierto, camino a la tierra prometida, el pueblo moraba en tiendas. Pero el pueblo no estaba solo. Era conducido por el Señor a través de una nube de fuego que lo iba llevando hacia la tierra que le había sido prometida. Y a la vez Dios les promete que va a morar en medio de ellos como hemos visto en el versículo antes mencionado. ¿Qué significado tiene que Dios more en medio de su pueblo? 

 En primer lugar Dios mora en medio del pueblo en una tienda. La tienda, para el pueblo que caminaba en el desierto, era su vivienda. Es decir Dios vive como el hombre vive. Dios busca la cercanía con su pueblo y pide que se le haga una morada similar a la de los hombres. Las tiendas en el desierto eran construidas con pelo de cabra. Tenían un tejido que en tiempos de calor dejaba pasar el aire y en tiempos de lluvia el tejido se juntaba formando un impermeable. Además las telas laterales de la tienda se podían bajar para acobijar por la noche y subir para hacer un techo y proteger por el día. Por lo tanto, la tienda era imagen de protección. Dios no solo mora en medio del pueblo sino que se convierte en su protección.

 Es así también en nuestra vida. Dios no quiere quedarse lejano, en el cielo, sino que quiere morar en medio de nosotros. Quiere vivir en donde nosotros vivimos. Sea grande o pequeña nuestra casa quiere venir y ser el centro de nuestro hogar. Quiere morar y ser para nosotros la protección y el sostén que necesita la familia.

 Esta tienda se convierte pues en la tienda del encuentro, es decir, en el lugar en donde Dios quiere hablar al corazón del hombre. Incluso quiere estar cara a cara con nosotros y mostrarnos la belleza de su amor. Ser conscientes de que Dios quiere hacer de nuestro hogar la tienda donde él habite es tener la certeza de que no estamos solos. Dios se quiere encontrar diariamente con nosotros y manifestarnos la grandeza de su amor.

 La tienda del encuentro estaba situada en el centro del campamento. Todas las viviendas de los israelitas se colocaban alrededor de la tienda. Era en torno a Dios que se organizaba la vida del pueblo de Israel. Y el pueblo tenía que mantenerse siempre puro y santo para que la presencia de Dios no se fuera de en medio de ellos. Es por eso que su vida giraba en torno a Dios y estaba organizada en virtud de lo que Dios pedía. 

Es momento de reflexionar en nuestra propia vida y la de nuestra familia. ¿También nosotros organizamos nuestra vida en torno a Dios? ¿Somos capaces de ponerlo a él en el centro y dejar que llene con su presencia nuestra vida? ¿Él es nuestro principio rector? ¿Dejamos que Dios ponga su tienda y more en medio de nosotros? ¿Permitimos que su presencia amorosa guie nuestra vida? ¿Se ha convertido Dios en nuestro dueño y Señor y nosotros nos sabemos sus siervos?

Contemplar:

Al haber meditado este versículo es importante propiciar un momento de oración personal en donde permitimos que, a través de la gracia, lo que hemos comprendido con nuestra inteligencia se vuelva una realidad en nuestra vida. Cerremos los ojos, abramos nuestro corazón y dejemos que Dios se convierta en el centro de nuestra vida. Que el Señor haga de nuestro hogar su tienda protegiendo y guiando así a nuestra familia. Dejemos a un lado todo aquello que no es Dios y que no nos permite hacerlo a él el centro de nuestra vida. Pidámosle con fe que more en medio de nosotros.

Oración:

Después de este espacio de silencio en donde cada uno permitió que Dios actuara en su interior es bueno dirigir todos juntos esta oración a Dios:

 «Dios Padre de bondad, mora en medio de nosotros. Mora en mi corazón, mora en el corazón de mi familia, mora en mi hogar. Esta casa es tuya; es tu tienda. Ven a habitar en medio de nosotros. Amén»

(Ex 25, 8)

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